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27 Julio 2006
Esta es la historia de un muchacho que tenía muy mal
carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le
dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería
clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día,
el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las
semanas que siguieron, a medida que él aprendía a
controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos
detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil
controlar su genio que clavar clavos detrás de la
puerta. Llego el día en que pudo controlar su
carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre,
este le sugirió que retirara un clavo cada día que
lograra controla su carácter. Los días pasaron y el
joven pudo finalmente anunciar a su padre que no le
quedaban mas clavos para quitarle a la puerta. Su
padre lo tomo de la mano y lo llevo hasta la puerta.
Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira
todos esos hoyos en la puerta". Nunca mas será la
misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas
cicatrices exactamente iguales como las que aquí ves.
"Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho,
pero depende del modo como se lo digas que tanto lo
lastimaras, y la cicatriz perdurara para siempre".
Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos
animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención,
y siempre están prestos a abrirnos su corazón.
Con cariño RO








